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En 2017, cumplirá 50 años de edad y 30 trabajando como fotógrafo profesional.

El periódico “La Prensa” fue su escuela, cuando en 1986, en una semana le enseñaron los secretos del cuarto oscuro para revelar imágenes, en la segunda semana aprendió el manejo de la cámara fotográfica, durante la tercera semana acompañó a los foto-reporteros de la “vieja guardia” a eventos oficiales, pero en la cuarta semana sorprendió a todos al publicar sus fotografías en tres portadas consecutivas del diario, a donde llegó como cajero del estacionamiento y lo que provocó que sus compañeros le expresaran: “chavo, déjanos algo”.   

Es Mateo Reyes, fotoreportero del periódico “Excelsior” y padre de cuatro jóvenes, uno de ellos, el pequeño que cursa secundaria, recientemente le dio un gran susto, sí, la lección de su vida, la noticia que lastimó a la familia, movilizó las redes sociales y conmocionó al gremio periodístico, un gremio del que Mateo descubrió su gran solidaridad, por ejemplo, luego de 36 horas de preocupación, tuvo que responder 36 mil mensajes tanto telefónicos y en la internet.

Mateo atestiguó el fallecimiento de un señor que se arrojó de una ventana al incendiarse su departamento, momento que no pudo registrar, tampoco logró fotografiar los escombros tras el sismo de 1985 en la Ciudad de México, cuando recorrió las calles del Centro Histórico el 19 de septiembre y semanas posteriores, así surgió la inquietud por la fotografía.

En más de tres décadas de profesión, con sus inseparables cámaras, mochila y variedad a lentes le permiten capturar imágenes muy lejanas, Mateo Reyes se describe como “hiperactivo” y fue el mismo periódico “La Prensa” el que lo invito a dos cursos de fotografía profesional y uno más de redacción ya que explica “un fotógrafo debe saber escribir; si no llega el reportero al evento por alguna razón, hay que en entrarle al toro”.

Uno de los primeros eventos que presenció Mateo fue después del Huracán “Paulina” en Acapulco, pero también las visitas del Papa Juan Pablo Segundo al país, certámenes de belleza y eventos deportivos como la Fòrmula Uno.

Sin embargo, acontecimientos que han marcado profesionalmente su trayectoria son el conflicto Zapatista en Chiapas, donde los niños corrían detrás de automóvil para obtener una barra de alimento, además de la valentía de las comunidades para enfrentarse con su enemigo.

También cubrió las explosiones de Guadalajara, al llegar 4 horas después, “olía a Gasolina” y capturó para siempre los tráileres (salchicha) volteados encima de las casas, parecía que había excavaciones para el metro, fue “impresionante, había muchos muertos”.

Cuando en octubre del 2000 explotó el centro nocturno “Lobombo”, en avenida Insurgentes y Antonio Caso, colonia San Rafael, Mateo trabajaba ya en el periódico Ovaciones y al ser el primero en llegar al lugar, vio a una joven quemada, ella festejaba el ingreso a su primer trabajo y salió del lugar descalza hasta dejar huellas de sangre, pero a los pocos días murió. 

Otra anécdota en Lombombo fue que tuvieron que romper los vidrios con un auto para sacar a  la gente que gritaba “ayuda, no podemos salir, nos quemamos” y ya cuando salieron “tomé 3 fotos y los ayude a salir, pero su ropa se confundía con su piel, fue muy feo, la gente salía como robot, con pelo erizo y hollín”, narra Mateo Reyes, con ojos cristalizados y voz entre cortada.

Un fotógrafo debe hacer las dos cosas, su trabajo, tomar fotos y ayudar a los heridos en lo que llegan los servicios de emergencia y rescate, en este caso, al agarrar a los lesionados “se sentían calientes sus cuerpos y la piel se venía entre las manos” y en ese momento no se piensan las cosas, se actúa.

Otro momento de satisfacción fue haber cubierto la visita del ex presidente Barack Obama, a México, “aunque nos citaron a las 4 de la mañana en el Museo.

Nacional de Antropología y nos dejaron ingresar  a ala diez de la mañana y sin desayunar, valió la pena, ya que es una personalidad de alto calibre y lo vi a 3 metros de distancia”.

Así que un fotoreportero un día no desayuna, otro día come frijoles y atún enlatados en la selva lacandona y otro día disfruta un manjar en los mejores restaurantes en Houston, Texas cuando cubre la sentencia a muerte de algunos mexicanos en EU.

Por ejemplo, un día estaba comiendo su quesadilla en la calle, en periférico norte, cerca de la Defensa Nacional cuando fue testigo de una persecución que resultó en balacera porque unos ladrones acababan de asaltar una agenda de autos por lo que Mateo dice, “aventé mi quesadilla y corrí a tras del fugitivo y luego del policía, pero inició una balacera, el policía y yo nos escondimos dos veces entre los carros para salvas nuestras vidas y está historia tuvo un final feliz, ya que la Banda de ladrones fueron detenidos, gracias a que al ladrón se le acabaron las balas, sino me hubiera tocado una, ya que me apunto directamente al final, escondió la pistola en un trailer y finalmente fueron detenidos todos, es cuando mi vida corrió mayor peligro, pero salí librado”.

Definitivamente, el acontecimiento que ha marcado la vida de Mateo Reyes y su familia fue cuando su hijo, que cursa secundaria desapareció, ya no acudió a la escuela y no se supo su paradero durante 36 horas.

Una situación que puso a prueba al experimentado fotógrafo que decidió dar parte a más autoridades hasta la mañana siguiente, motivo que alertó a las autoridades a la empresa en que trabaja, el periódico y a sus amigos y compañeros que sin titubear, expresaron su solidaridad para encontrará al menor.

Afortunadamente el joven regreso a su casa, sano y salvo, junto con el estudiante que lo convenció para que lo acompañara porque quería alejarse de su casa.

Después de horas de angustia y solidaridad, la familia de Mateo se fortaleció …

“Tengo un hijo súper solidario, tiene un gran corazón y es un buen amigo y excelente ser humano, ha valido la pena todo”.

“Estoy agradecido con Dios y con la vida y sobre todo porque mi familia está bien”.

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