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Según algunas mediciones, la Ciudad de México es la que tiene mayor congestión vehicular en el mundo, es decir, el peor tráfico y donde más tiempo pierden la personas en trasladarse.

La queja constante de los habitantes de esta ciudad –además de la inseguridad– es por supuesto el tráfico y sus consecuencias (estrés, contaminación, accidentes, etc.).

Desde hace muchos años, parte de la respuesta que el gobierno ha dado y cuya lógica comparten muchos automovilistas, es que se debe construir más infraestructura para los autos, es decir estacionamientos y vialidades (ampliar calles, puentes, túneles, segundos pisos, etc.). Confieso que yo compartía esta intuición: me parecía inaceptable que un nuevo comercio careciera de estacionamiento o que no se hicieran puentes en zonas conflictivas, pero en los últimos años muchos de los argumentos de quienes se oponen a esta solución me han persuadido.

Lo primero es reconocer que no estamos en el tráfico, somos el tráfico. Cuando decidimos sacar nuestro automóvil a la calle, estamos contribuyendo a que exista más tráfico. Es como gritar para quejarnos de que alguien no nos deja escuchar.

Es común ver que un nuevo puente o túnel mejora la circulación en la zona, pero en muchas ocasiones esto es temporal, ya que, al cabo de algunas semanas o meses, se vuelve a saturar. Esto se llama tráfico inducido, lo que significa que como ahora existe mayor infraestructura vial, más vehículos la utilizarán y se llegará a una saturación similar. Una buena analogía es que el tráfico es como un gas, el cual llena todo el espacio disponible. Si se abren más carriles o más puentes, éstos se llenarán porque más automovilistas los utilizarán.

Otro debate es el de los parquímetros y la escasez de estacionamientos. Quienes rechazan los parquímetros dicen que no se debería cobrar por utilizar el espacio público, pero quienes los promueven argumentan que el espacio público es para las personas, no para los autos, y que los gobiernos no tienen obligación de construir infraestructura (calles) para que alguien se estacione gratis todo el día. Los parquímetros buscan desincentivar el uso del automóvil y hacer que las zonas comerciales tengan más rotación de visitantes, ya que se facilita encontrar estacionamiento. Por otro lado, limitar el número de lugares de estacionamiento en ciertas zonas hace que menos personas lleven sus autos a estos lugares.

Un punto más de discusión son los puentes peatonales. Parece razonable que existan en algunas vialidades, pero no en todas. Hay que considerar que los puentes facilitan el tránsito a los autos, no a los peatones, es decir, los autos son los beneficiados con este tipo de infraestructura. Hay personas a las que les resulta muy difícil usar un puente, ya sea por edad o algún problema físico. Para quien usa bicicleta o lleva a su hijo en carriola, subir un puente es un reto importante, que por supuesto resulta imposible para quien necesita una silla de ruedas. No es fácil encontrar puentes peatonales en otras ciudades del mundo (Nueva York, París, Madrid).

Así como me parecen válidos algunos de los argumentos arriba expuestos, también comparto que el transporte público en esta ciudad deja mucho que desear. Sería mezquino negar que ha mejorado en los últimos años, pero aún falta mucho en términos de seguridad, comodidad, accesibilidad y disponibilidad. Por otro lado, también comparto la frustración por la mala implementación de buenas ideas como el parquímetro o las foto-multas, máxime cuando parece que el uso de los recursos y el incentivo para obtenerlos no está alineado con el interés de los habitantes de esta ciudad.  Sin embargo, lo que parece innegable es que no podemos concebir una ciudad en la que cada persona se transporte en un auto. ¿Qué opinas?

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Manuel Pérez del C.
Llevo algunos años tratando de aprender de ciencia y desaprender algunas barbaridades que me enseñaron. En mis ratos libres subrayo libros e intento alertar de charlatanerías. Trabajo en tecnología y sistemas desde hace más de 20 años, la mayoría de ellos en radio. Esposo y padre en entrenamiento.